Así se vivía la Noche de San Juan en nuestros pueblos
Hubo un tiempo en el que, cuando el sol se despedía el 23 de junio, algo especial comenzaba a sentirse en el ambiente de nuestros pueblos. El aire parecía distinto, cargado de misterio y esperanza. Era la Noche de San Juan, una velada mágica en la que el agua, las fuentes y las creencias populares se convertían en protagonistas.
Esta noche tan señalada marcaba el inicio del verano y estaba envuelta en rituales sencillos, transmitidos de generación en generación, que aún hoy forman parte de la memoria colectiva de Nevada.
Mairena: deseos bajo la luna en la Fuente Alta
En Mairena, al caer la noche, los vecinos subían hasta la Fuente Alta. Bajo la luz tenue de la luna y el silencio de la sierra, se lavaban la cara con su agua fresca mientras pedían un deseo en silencio.
La tradición decía que aquella agua tenía un poder especial durante la Noche de San Juan, capaz de conceder lo que el corazón anhelaba. Un gesto sencillo, cargado de simbolismo y esperanza. 💧🌠
Laroles: la magia del agua en Fuente Mauricio
En Laroles, la cita era en la Fuente Mauricio. Familias y jóvenes se reunían con alegría y recogimiento para mojarse el rostro y formular sus deseos.
Muchos aseguraban que el agua de esta fuente tenía algo especial esa noche, como si la magia del solsticio la dotara de la capacidad de hacer que los sueños se cumplieran más pronto que tarde. 🌠💙
Picena: travesuras, agua y complicidad vecinal
Y en Picena, la Noche de San Juan se vivía con un aire más festivo y travieso. Los jóvenes protagonizaban una auténtica guerrilla de agua en la plaza, risas y carreras incluidas.
Pero el momento más esperado llegaba a las 12 de la noche, cuando, misteriosamente, las macetas de las vecinas desaparecían de las puertas de las casas. Al amanecer, todas aparecían reunidas en la fuente de la plaza. Nadie preguntaba demasiado: era un secreto a voces, una travesura convertida en tradición. 🌺🤭
Una noche que forma parte de nuestra identidad
🔥💧 Así se vivía la Noche de San Juan en nuestros pueblos: una noche de agua, juventud, creencias y mucha vida.
Aunque hoy estas costumbres ya no se celebran como antes, siguen formando parte de nuestra historia y de nuestra identidad como territorio.
Recordarlas es volver a sentir la magia que unía a vecinos y visitantes en una noche que parecía no tener fin. Una herencia cultural que nos habla de quiénes somos y de cómo nuestras tradiciones siguen dando sentido a nuestros pueblos.


