La arquitectura tradicional alpujarreña en Nevada: terraos, tinaos y acequias

Pasear por Mairena, Laroles, Picena y Júbar es hacerlo por un territorio donde la arquitectura no se impone al paisaje, sino que dialoga con él. La arquitectura tradicional alpujarreña, presente en cada uno de estos núcleos, es el resultado de siglos de adaptación al medio, al clima de montaña y a una forma de vida ligada a la tierra.

Casas blancas, calles estrechas, tejados planos y elementos constructivos únicos conforman un conjunto que hoy sigue siendo una de las grandes señas de identidad del municipio de Nevada.

Los terraos: tejados que forman parte de la vida

Uno de los elementos más característicos de la arquitectura tradicional en Nevada son los terraos, los tejados planos que sustituyen a las cubiertas inclinadas típicas de otras zonas.

Construidos con vigas de madera, launa y piedra, los terraos cumplían varias funciones prácticas: servían para secar productos agrícolas, recoger agua de lluvia o simplemente como espacio de uso doméstico. Además, su diseño ayudaba a aislar las viviendas del frío invernal y del calor estival, adaptándose perfectamente al clima de Sierra Nevada.

Hoy, los terraos siguen formando parte del perfil urbano de Mairena, Laroles, Picena y Júbar, aportando una estética única que identifica inmediatamente a los pueblos alpujarreños.

Los tinaos: sombra, encuentro y vida social

Otro elemento imprescindible son los tinaos, esos pasadizos cubiertos que se forman cuando una vivienda se extiende sobre la calle. Bajo ellos, el tiempo parece detenerse.

Tradicionalmente, los tinaos ofrecían sombra en verano, refugio en invierno y un espacio de encuentro vecinal. Eran lugares donde se charlaba, se trabajaba o se compartían historias al caer la tarde. En los núcleos de Nevada, muchos de estos tinaos se conservan y siguen cumpliendo su función original: hacer de la calle un espacio más humano y acogedor.

Para el visitante, caminar bajo un tinao es una de esas experiencias sencillas que conectan directamente con la vida cotidiana de los pueblos.

Las acequias: el agua como origen del paisaje

La arquitectura tradicional de Nevada no se entiende sin el papel fundamental del agua. Las acequias, herencia del periodo andalusí, recorren el municipio desde las zonas altas hasta los bancales agrícolas.

Este sistema de riego permitió durante siglos aprovechar el deshielo de Sierra Nevada, modelando el paisaje y garantizando la vida en los pueblos. Muchas acequias discurren junto a caminos, huertos y calles, formando parte del entramado urbano y rural.

En Mairena, Laroles, Picena y Júbar, las acequias no son solo una infraestructura agrícola: son un símbolo de sabiduría tradicional, sostenibilidad y respeto por el entorno.

Una arquitectura que cuenta quiénes somos

La arquitectura tradicional alpujarreña en Nevada no es un decorado, sino el reflejo de una forma de entender la vida: austera, práctica y profundamente ligada a la naturaleza. Cada terrao, cada tinao y cada acequia hablan de generaciones que supieron adaptarse al medio y construir un paisaje cultural que hoy seguimos disfrutando.

Descubrir estos elementos es una invitación a recorrer los pueblos sin prisas, observar los detalles y comprender por qué Nevada conserva un patrimonio arquitectónico tan singular. Un legado vivo que sigue dando carácter a Mairena, Laroles, Picena y Júbar, y que convierte al municipio en un destino auténtico dentro de La Alpujarra.

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